lunes, marzo 30, 2009




Soñé que me metí en tu cama


tras un festival de invierno


,ahora ya no sueño nada,


ya ha pasado mucho invierno.


Y no sé como es tu cama


ni como suda tu cuerpo


,me he quedado con las ganas


y tu, te has quedado conmigo.


Con mis ganas de vivirir,




con mis ganas de sentir,


con mis ganas de pecar,


con mis ganas de soñar.


Y ante tanto desconsuelo


echo mis huesos al suelo


y me duermo boca arriba,


por ver si me ahoga la pota


de ese Ron que ya es vinagre,


el que alimenta mis sueños.


Más los sueños mierda son


y tu, te has quedado conmigo.


Con mis ganas de vivir,


con mis ganas de sentir,


con mis ganas de pecar,


con mis ganas de soñar.


Y no me has dejado nada,


y de nada nunca hay restos.


Yo soñaba con tus bragas


y tu, te has quedado conmigo.


Yo soñaba con tus bragas,


tus bragas, tus bragas, tus bragas.

jueves, octubre 16, 2008

¿PERO, AUN SEGUIMOS CALLANDO?

PROBABLEMENTE MAS DE UNO HAYA VISTO ESTA ENTRADA EN ALGUNA OTRA OCASION. YA ADVERTÍ QUE SERÍA ALGO QUE PUBLICARÍA MAS DE UNA VEZ. FIEL A MI CITA. VUELVO A DEJAR ESTE GRITO.

MUSICA DE CANTECA DE MACAO.

martes, octubre 07, 2008

CREO EN DIOS.

El otro día, mientras disfrutaba de una cerveza en uno de los bares de siempre, un pringaillo que andaba dándome el coñazo toda la noche, como si yo tuviera la más mínima intención de compartir mi tiempo con él, me preguntó si creía en Dios. Zanjé la conversación con un no rotundo mientras abandonaba la barra del bar a la que había estado pegado buena parte de esa noche, no podía aguantar más a aquel gilipollas.

Horas más tarde, sumido en una de las innumerables noches de insomnio que mi estomago maltrecho me regala, seguía dando vueltas a la pregunta que me hizo aquel muermo de acompañante de barra de bar.

¿Qué sí creo en Dios? Debía partir de saber qué coño es ser Dios. Respuesta de estar por casa: ser supremo considerado en las distintas religiones. Partiendo de ésto, yo tengo dos religiones de las que soy fiel creyente; por un lado la cerveza como fuente de fe y por otro lado la música. En la primera no reparé mucho porque la imagen más parecida al dios de esta religión sería YO y la verdad es que paso de darme relevancia y andar predicando las bondades del consumo indiscriminado de cerveza, decididamente no me apetece una mierda ser dios de nada. Además, ¿quien creería en un dios loko?

¿En la música como religión? Dos segundos de dudas causadas por un repentino latigazo en el estomago (éste se había revelado y pretendía que descendiera de los altares de la cerveza a simple curilla de barra). Lo tenía claro. Creo en dios, creo en dios creador de un mundo tan imperfecto y tan alucinante en muchas cosas como el mundo terrenal creado por el dios de los cristianos.

Creo en ti, ¡oh dios! Creo en ti… ¡Mi idolatrado Roberto Iniesta! Tu como ser supremo de la música, tu como máximo creador de letras inconfundibles. Creo en tus fieles apóstoles encabezados por el gran Iñaki Uoho. Creo en cada uno de nosotros parroquianos que te seguimos fielmente (ya han pasado casi veinte años desde que te descubrí en nuestra tierra de encinas, cerezos, pantanos y descubridores por cojones.).

¿Cuánto más necesito para ser Dios? Eso preguntabas en boca de Jesucristo García hace unos cuantos años. Nada Robe, nada. No necesitas nada más. Creo en ti, creo en Dios.

¡Joder lo que hace la cerveza, el insomnio y el coñazo provocado por un muermo de barra de bar!



viernes, septiembre 19, 2008

COME ON



Nunca me habían gustado esos garitos de pijos de Madrid, en ellos encontraba toda una fauna de pringados que conseguían revolver mi ulceroso estómago. Siempre los había evitado, pero en algún momento había que pagar el peaje de haberme enrollado con una niña bien, noctambula de la zona de Juan Bravo y alrededores y adicta a los tipos con pinta de duros entrados en la treintena como yo. Ese pedazo de cuerpo, aunque adornado con toda la pasta que no conseguía ganar en cinco meses, bien merecía algún que otro sacrificio como éste.

Las dos semanas que llevábamos liados las habíamos pasados encerrados o bien en la habitación de mi piso compartido en Malasaña o en su casa de las afueras. En el fondo no necesitaba compartir más con esa niña pija, tenía su cuerpo y con eso ya me bastaba. No la podía llevar a los cutres bares donde refugiaba mis noches hasta mediado de mes (sólo hasta mediados de mes porque mi trabajo de mierda no me daba para llegar a final de mes consumiendo cervezas y porros en esos antros que frecuentaba). No la llevaba conmigo, no porque ella no quisiera, sino que supongo que en el fondo me daba vergüenza entrar agarrado a un muestrario de las últimas tendencias en moda por muy buena que estuviese.

Esa noche me pilló en una más que palpable debilidad y consiguió convencerme para que fuéramos a ese garito. La excusa de que tocaban rock and roll en directo había terminado por convencerme, aunque siempre con la duda de que esta niña llamase rock and roll a los pringaos de “El canto del loco” o cualquier mariconada por el estilo.

Antes de salir de casa me dediqué a la más que grata tarea de anestesiar mi mente, unos litros de cerveza y un poquito de maría de mí propia cosecha al ritmo del “God save the Queen” irían facilitando la labor.

Llevábamos una hora en ese garito ambientado con fotos de viejas glorias de la música en las paredes junto con guitarras y bajos antiguos. Mi niña pija desaparecía de vez en cuando para saludar a compañeros suyos del hospital donde curraba. Yo, por supuesto, no había coincidido con ninguno de mis colegas de la fundición. Ella había estado hablando un rato con un tipo de pelo negro engominado que parecía un clon de Acebes el muy cabrón. “Loko, no te mosquees con los pijos, que bastante tienen con lo suyo”, me repetía para poder sobreponerme a tanto representante del éxito social y económico de este puto país.

Mi niña pija, volvió y me beso acelerada con aquellos labios que tenía el mismo poder de succión que el desagüe de una bañera, colocó su espalda contra mi pecho y terminamos de escuchar los últimos acordes del “Smoke on the water de Deep Purple” que versionaba el grupo que tocaba en el escenario.

El vocalista hizo un parón para presentar a una chica que iba a cantar un tema con ellos, Lu creo que se llamaba. Subió al escenario iluminada por el rojo y azul de los focos. No conseguía ver muy bien la imagen de aquella tía pero podía distinguir que no tenía nada que ver con la fauna de ese garito. Unos pantalones azules muy anchos, comprados en el rastro con casi toda seguridad, una camiseta de tirantes roja y su pelo adornado con unas rastas recientes.

Mi incipiente borrachera desapareció de golpe con los primeros acordes de una guitarra acompañados de unos golpes en la caja de la batería. Emoción acelerada con esos acordes que se ve aumentada con la voz de aquella tía: “¡Oh come on, come on, come on! Era una voz cargada de sensualidad, ronca, rota, que impregnaba cada estrofa en un torrente de susurros que golpeaban mis oídos. “Take it; take another little piece of my heart now, baby! Cada estrofa, cada frase de esa voz conseguía erizarme, me provocaba, estaba consiguiendo excitarme. Lu volcaba toda la fuerza de sus cuerdas vocales en la parte del estribillo con un “come on, come on”, que sonaba como una invitación al orgasmo. Yo acompañaba cada grito de came on, con golpes de mi paquete contra el culo de mi niña pija, como marcando la base acústica de la canción. El tema con aquella voz orgásmica había conseguido marcarme una erección más que aceptable. Ella se había dado cuenta y acercaba cada vez más su culo perfecto contra mi paquete.
Mis oídos embelesados con cada invitación al orgasmo y mi polla como una baqueta golpeando su culo como si el bombo de la batería se tratase. Un solo de guitarra electrizante electrocuta mi pelvis pegada a mi niña pija, agitándola de lado a lado. Una mezcla de una voz que te susurra en los oídos como si la estuvieras dando el mayor de los placeres, una guitarra que electrocuta todo el cuerpo y unos golpes de batería que suenan como tambores de guerra que marcan embestidas de mi cuerpo contra el suyo. Terminan el tema y sigo igual de acelerado. Susurro al oído de mi niña pija que nos vayamos a lo que ella acepta sin dudarlo.

Salimos del garito bien agarrados y besándonos sin parar, aún puedo escuchar esa voz rota dentro de mis oídos. Subimos a mi furgoneta, es tarde y las calles están vacías. Abro la guantera y saco un puñado de cd´s desordenados, busco entre ellos. Janis Joplin, éste es. Vuelve a sonar el tema, esta vez con menos calidad debido al cutre equipo de música de mi “California” del setenta y cinco. Con el primer come on mi miembro vuelve a la plenitud absoluta. Ahora con cada golpe de caja de la batería compruebo el poder succionador de su boca en mi polla. Se acelera al ritmo de la canción y yo ya no soy dueño de la situación. Con el golpe final de los platos de la batería termina la canción y yo también.
Un tema de Janis Joplin y mi niña pija, una combinación explosiva y sorprendente. Creo que la imagen del tipo cutre y la niña pija durará unas semanas más

sábado, septiembre 13, 2008

ONCE DE SEPTIEMBRE

La mañana del once de septiembre amanece tranquila, con algunas nubes en el cielo que no impiden que el sol despierte a un nuevo día, a un nuevo desafío para intentar volver a la normalidad que cada vez parece más lejana. Hace tiempo que los vientos soplan cada vez más enrarecidos, mas cargados de venganza injustificada. Los comercios, con sus estantes vacios, no cubren la necesidad de un pueblo en el que comienza a sembrase la desilusión aunque permanece intacta la sed de una sociedad más justa.

Trascurre la mañana y los acontecimientos se agolpan, las emisoras empiezan a dar noticias contradictorias sobre la situación de la ciudad. La sombra de uniformes militares comienzan a ocultar el sol de la mañana, las estrellas de sus hombreras quieren robar el brillo de las del cielo de la libertad.

Los tanques son dueños de las calles y apuntan a un mismo objetivo, un palacio del centro de la ciudad, La Moneda como fiel diana y sus ocupantes como últimos baluartes de la dignidad en la lucha. La voz del Salvador de la democracia por encima de las balas, el precursor de la “vía chilena al socialismo, con olor a empanada y vino tinto” se dirige al pueblo en sus últimas palabras como único medio de defensa de su vida….

Quizás sea ésta la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: Soldados de Chile, comandantes en jefe y titulares… …el almirante Merino… más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su solidaridad y lealtad al gobierno, también se ha denominado director general de Carabineros.
“Ante estos hechos sólo me cabe decirle a los trabajadores: Yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.
La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
¡Trabajadores de mi Patria!: Quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, espero que aprovechen la lección.
El capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, crearon el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición: la que les señaló Schneider y que reafirmara el Comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando, con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios...
...Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, la seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
¡Trabajadores de mi Patria!: Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! , ¡Viva el pueblo!, ¡Vivan los trabajadores!
Éstas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.”

Los rifles acabaron con las palabras, miles de personas fueron conducidas al estadio nacional donde muchos murieron ajusticiados en los siguientes días. La mañana del doce de septiembre los comercios volvían a llenar sus estantes de las mercancías que estaban siendo retenidas por los poderes golpistas.

Fue un once de septiembre, el día en que asesinaron a Salvador Allende y con él un Chile libre. Fue un once de septiembre cuando un asesino, un tirano (su nombre me causa odio) apoyado por la CIA, mató las libertades de un pueblo, las ilusiones de la lucha por un Chile justo.

Fue en Santiago, fue en La Moneda, fueron los milicos….fue un once de septiembre.

sábado, septiembre 06, 2008

LA MOCHILA ESTÁ LLENA

Fue aquella mañana, después de que el humo del último cigarro sobrevolará la terraza donde aquella muchacha solía exhibir sus tersos pechos cada mediodía, cuando descubrí que había llegado el momento, era la hora de regresar a la esquina que meses atrás había abandonado.

Descubrí que su esencia se había pegado a mi destino huyendo de la rutina de una vida vacía, la presté refugio en mi pecho y seguimos el camino de los sueños huérfanos. Su ausencia fue la compañera en aquella mañana de cielos cotidianos.

Recogí mi mochila de lokuras, pesaba más que nunca, y decidí emprender el camino de vuelta. Paré en un supermercado y compré el mejor cartón de vino. Pasee por las calles de Malasaña, seguí por el centro hasta que lo encontré sentado en un banco bajo la sombra de un edificio abandonado. Allí estaba, con su mirada perdida y las mismas ganas de siempre de que todo acabe. He aprendido tanto de él. Le llamé por su nombre, Pardao, se giró sin ningún entusiasmo y le dejé el cartón de vino, sé que lo disfrutará. Me prometió visitarme en mi esquina, ya lo estoy esperando.

Dirigía mis pasos hacia mi destino, notaba como la emoción palpitaba a ritmo de rock and roll, me estaba dando cuenta de lo mucho que echaba de menos repartir lokuras a aquellas mentes despiertas. Mi cuerpo había conseguido desintoxicarse de un odio estúpido, de la violencia que nublaba mi inteligencia. Calle abajo cantaba una canción de Los Suaves, miradas sin sentido acompañaban mis estrofas. Si, era el momento de volver, todo había vuelto a su sitio y puedo volver a gritar.

Las calles siguen sucias de rutinas, vacías de lokuras, transitadas por mediocres de andares acelerados. Queda mucho por limpiar en estas calles. Quedan muchas voces que soltar. Creo que llego en buen momento. Empiezo por chillar… HE VUELTOOOOOOOOOOOOOO.

domingo, junio 29, 2008

EN BUSCA DE LOKURAS




Llueve, me he dado cuenta que llueve y que mi piel no se ha hecho impermeable ante tanta gota de vulgaridad, de rutina, de incertidumbres. Empiezan a calarse mis huesos y he decidido recoger la funda de mi guitarra donde fuisteis dejando vuestras monedas, vuestras historias, vuestros sueños, vuestras ilusiones, vuestras aventuras y en algunos casos indiferencia, pero siempre todo ello bien recibido. Guardo la guitarra que puso acordes a cada una de mis paranoias, me calzo mi gorra estrellada de revolucionario urbano venido a menos y lleno mi mochila de recuerdos, no creo que cojan todos, deberé regresar para que no se me olvide ninguno.

He estado danzando desde mi rincón, en mi esquina entre la calle de la esperanza y la de la ilusión, ahí decidí establecer mi hogar, pero siempre fui culo de mal asiento y creo que es hora de darme una vuelta por otras calles, alimentarme de otras culturas, deleitarme con nuevos paisajes que me hagan volver con fuerzas renovadas, con nuevos temas, con infinitas paranoias vomitadas con la fuerza que empiezo a echar de menos.

He roto las cuerdas de mi guitarra, y mi garganta se ha quedado a medio gas, solo entono pequeños susurros que ni siquiera el viento se lleva. El loko, Pardao, dizzy, el paranoico ilusionista debe irse a respirar un poco, a cambiar las cuerdas de su vieja compañera y a recuperar la voz antes de que no haya arreglo posible para ninguna de las dos.

Volveré, no sé cuando, pero regresaré con nuevos bríos, con las fuerzas de siempre y con las cuerdas de mi garganta más potentes que nunca. Ahora otros mundos me están esperando, debo descubrirlos, debo descubrirme en ellos y seguir aprendiendo de ellos. Guardarme esta mi esquina y no dejéis que en ella nadie se asiente a vender vulgaridad ni fracasos, la revolución aún está pendiente.

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.

LOKO.